Hora de la verdad en Europa tras el rotundo ‘no’ de Grecia

Los griegos han enviado este domingo a Europa un inequívoco mensaje contra la austeridad y por la soberanía popular y nacional. Con más de la mitad de las papeletas escrutadas, un 61% de los votantes que han participado en el referéndum convocado hace una semana por el primer ministro, Alexis Tsipras, rechazaron la última propuesta de los socios europeos, que contemplaba una nueva tanda de recortes y ajustes. Tras conocerse los primeros datos, el primer ministro convocó a una reunión de urgencia al gobernador del Banco de Grecia para instrumentar las primeras medidas de alivio a los bancos, tras una dramática semana de corralito y de control de capitales y con la economía al borde del colapso.

En un referéndum crucial, inédito por su trascendencia desde que la democracia regresó al país en 1974 tras la caída de la junta militar, una mayoría absoluta de griegos (un 61,4%, con el 66% de papeletas escrutadas) respaldó la propuesta del Gobierno y votó en contra de los términos del programa de ayuda que los socios pusieron sobre la mesa en el Eurogrupo del 25 de junio, y que consistían —en pasado, ya que esa propuesta es desde el martes extemporánea al expirar la prórroga del rescate— en una nueva dosis de austeridad. Así figuraba en la papeleta, aunque muchos, los defensores del sí, votaron convencidos de que la pregunta era un sí o un no al euro y Europa.

Lo que el primer ministro pretendía cuando convocó la consulta hace una semana, dejar hablar al pueblo para evitar la ruptura con las instituciones —que sin embargo se consumó unilateralmente tras la convocatoria—, se ha logrado ampliamente, y sin equívocos; lo que suceda a partir de hoy precisará sin embargo de una legión de adivinos. De la difícil reconducción del diálogo con los acreedores a una salida del euro por asfixia económica e insolvencia —si el Banco Central Europeo no aumenta la provisión de liquidez de los bancos griegos, y corta definitivamente el cordón umbilical de la línea de liquidez de emergencia, o ELA—, cualquier opción es plausible.

“Con este valiente no que ha pronunciado el pueblo griego, mañana extenderemos nuestra mano a los acreedores. Llamaremos a cada uno de ellos para buscar un compromiso”, declaró Yanis Varoufakis, el ministro de Finanzas.

Sin tiempo para la celebración, ocupadas en practicarle el boca a boca a una economía exánime tras una semana de corralito y de control de capitales, las autoridades griegas movieron ficha enseguida. A primera hora de la noche, Varoufakis, y el gobernador del Banco de Grecia, Yanis Sturnaras —enemigo acérrimo del Gobierno de Syriza—, se reúnen con el primer ministro, Alexis Tsipras, con el objetivo de acelerar el auxilio de los bancos, y poco antes de la anunciada reunión del Banco Central Europeo. Tras la emergencia bancaria, las líneas maestras de Atenas serán dos, ya bosquejadas la semana pasada: el informe del Fondo Monetario Internacional que admite que la deuda griega es insostenible y un nuevo mandato para Atenas, amparado en la voluntad del pueblo griego, según anunció el negociador jefe, Efklidis Tsakalotos, tras confirmarse la victoria del no.

El absoluto refrendo popular a la propuesta de Tsipras podía barruntarse ya desde el viernes, en la multitudinaria manifestación en el centro de Atenas que reunió a 25.000 personas según la policía (tres o cuatro veces más, según los organizadores, y mucho más copiosa que la concentración del sí); por la encuesta oficiosa que manejaba el Gobierno, que el sábado daba al sí sólo el 29% de apoyos (según los mismos resultados parciales, ha sacado diez puntos más), y, sobre todo, por el agitado runrún que desde la tarde, horas antes del cierre de las urnas, empezó a recorrer la destartalada sede central de Syriza, el partido que dirige el primer ministro, Alexis Tsipras. Tras conocerse los primeros resultados, miles de personas se dirigieron a la plaza de Syntagma para celebrar la victoria, con una masiva presencia de banderas griegas —el orgullo nacional, la posibilidad de levantar cabeza ante los dictados de Bruselas, ha sido otra de las claves de la victoria— y muy pocas pancartas partidistas.

El referéndum fue definido esta semana por el Gobierno como un arma de la negociación con las instituciones, pero los resultados del mismo amenazan con convertirse en una de destrucción masiva. Dentro de Grecia, como prueba de una polarización menor de la esperada —durante la fugaz campaña los dos bandos prácticamente empataban en todas las encuestas—, pero real y evidente; y también de una división marcadamente generacional, con un 67% de los jóvenes a favor del no, y un 37% de los mayores, por el sí, pese a que las pensiones han estado siempre en el centro de todas las discusiones con los socios.

Las ondas de choque del referéndum van más allá y confirman que, electoralmente, la victoria ha reunido votos de extremos opuestos —por un lado las izquierdas, de Syriza a pequeños partidos extraparlamentarios, pasando por un número no pequeño de votantes comunistas; por otro lado los nacionalistas de Griegos Independientes, socio de gobierno de Syriza, y no pocos neonazis, radicalmente opuestos a los dictados de Bruselas— frente a una oposición incapaz de unirse a favor del sí, pese al intento de conservadores y socialistas de forjar un frente europeo.

El triunfo del no también confirma el apoyo a la gestión de las negociaciones por parte de Syriza; pese al desgaste y a una situación económica rayana en la asfixia, el partido de Tsipras volvería a ganar unas elecciones con en torno al 36% de los votos, rondando la mayoría absoluta, si se convocaran ahora.

Con la oposición de numerosos países miembros (los bálticos, Finlandia, Alemania, entre otros), parece poco probable que el mandato soberano de las urnas consiga ablandar a quienes tienen de verdad la llave de la caja.

Tomado de El País: http://internacional.elpais.com/internacional/2015/07/05/actualidad/1436082790_374069.html